Evaluación de la competencia digital

El mundo está cambiando. A pesar de que la titulitis aún no ha sucumbido del todo, cada vez se nos juzga más por lo que somos capaces de hacer. Los egresados, al optar a un empleo, son evaluados no sólo por sus conocimientos técnicos sino en gran medida por las competencias personales que puedan aportar para el desempeño de sus tareas (García, Terrón y Archilla, 2010). De aquí el énfasis que se hace últimamente en la educación en competencias (entendida como saber aplicado, o saber hacer). Una competencia integra diversos recursos de naturaleza variada, e implica la movilización y la combinación eficaces de recursos (Fernández, 2010)

Una de estas competencias es la competencia digital, cada vez más necesaria para desenvolverse en un mundo, el del S. XXI. que no podría concebirse sin las tecnologías de la información y la comunicación. Estamos dejando atrás la etapa de resistencia psicológica en la que los docentes consiguen superar las barreras técnicas y pedagógicas para adentrarnos ahora en la etapa del compromiso por mejorar
las prácticas (Torres y Perera, 2010).

Pero seguimos teniendo una asignatura pendiente con la evaluación. Es fácil comprender, que hay que buscar un nuevo modo de evaluar. Los métodos tradicionales (exámenes, evaluación sumativa y final, tests) han dejado de ser un indicador válido. Time out.

La alternativa se perfila clara: una evaluación formativa y contínua, que considere al alumno de modo global y basada en diversos instrumentos de evaluación.

En esta tarea se perfilan como imprescindibles las rúbricas. Se puede definir una rúbrica como una herramienta de evaluación que establece unos niveles para medir la calidad para cada uno de los diferentes criterios con los que se puede desarrollar un objetivo, una competencia, un contenido o cualquier otro tipo de tarea que se lleve a cabo en el proceso de aprendizaje. Se construye con dos ejes: en uno, aparecen los criterios a evaluar; en el otro, los niveles de desempeño: qué se considera, por ejemplo, insifuciente, suficiente y bueno. Se diseña para conseguir que el estudiante pueda ser evaluado de forma objetiva y, sobre todo, para que le sirva de guía durante su proceso de aprendizaje (García, Terrón y Archilla, 2010)

Las rúbricas pueden ser utilizadas por el profesor, pero también por otros alumnos o por el propio estudiante, enriqueciendo la evaluación.

Las rúbricas pueden (y deben) proporcionarse a los alumnos desde el comienzo de la tarea, de modo que puedan saber qué se espera de ellos, y compartir los criterios de evaluación, puntos muy importantes para asegurar la autorregulación de los aprendizajes. Por otra parte, provee al alumno de un referente que proporciona un feedback relativo a cómo mejorar su trabajo. Puede, por último, servir como una herramienta de reflexión que permite tomar conciencia de lo aprendido (Torres y Perera, 2010)

De hecho, los alumnos consideran que rellenar un cuestionario de co/autoevaluación les permitiría reflexionar sobre su forma de trabajar y su propio proceso de aprendizaje, así como sobre los de los miembros de su grupo (García, Terrón y Archilla, 2010).

Más complejo que el instrumento de evaluación me parece el “qué evaluar”. Muchas de las veces, la mayor dificultad con que nos tropezamos los profesores es con la indefinición o la ambigüedad, tanto en la definicion de las competencias como en los niveles de desempeño. A mi modo de ver, esto es especialmente grave con la competencia digital, que es una suerte de competencia transversal, necesaria para el buen desarrollo de todas las otras, y con la que por tanto es fácil incurrir en solapamientos.

Para definir las áreas de observación, resulta imprescindible definir de antemano qué entendemos por competencia digital, que a su vez dependerá de la visión de la educación y del aprendiz que queramos defender. Útil para esto son los marcos teóricos existentes, como DIGCOMP, el Marco de UNESCO o los standard de ISTE.

García García, MJ, Terrón López, MJ López Archilla, Y. (2010) ReVisión 3 (2)

Torres, J. J. y Perera, V. H. (2010) Pixel-Bit. Revista de Medios y Educación 36: 141 – 149

Fernández March, A. (2010). Revista de Docencia Universitaria, Vol.8 (n.1) 11-34

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