Los riesgos de las alabanzas

Hoy, en otro curso que estoy siguiendo, he leído una interesantísima investigación sobre los peligros y riesgos de las alabanzas.

Aunque podríamos describir un buen número de actitudes hacia la enseñanza, para lo que ahora nos concierne nos quedaremos con las dos principales: “inmovilismo” y “de crecimiento“.

Como C. Dweck explica, el estudiante que mantiene una actitud inmovilista generalmente tiene confianza en sus capacidades, y el convencimiento de que la inteligencia se tiene o no se tiene, pero no se puede cambiar, por lo que se mostrará reluctante al esfuerzo y poco receptivo al feed-back, prefiriendo actividades más sencillas pero en las que se sienta cómodo y pueda “lucirse”.

Sin embargo, los estudiantes con una actitud de creciemiento son conscientes de que mediante el esfuerzo pueden mejorar sus resultados y capacidades, con lo cual están mucho más abiertos a actividades que supongan un reto, reciben mucho mejor el feed-back y no tienen embarazo en inspirarse en las historias de éxito de otros.

Parafraseando sus palabras “los adolescentes ven con frecuencia la escuela como un lugar en el que deben demostrar para profesores que los juzgarán. La actitud de crecimiento cambia esta perspectiva, y hace de la escuela un lugar en el que los estudiantes se implican en su aprendizaje para su propio beneficio” (traducido).

Hasta aquí, correcto. Lo que más me ha hecho pensar es la primera parte de este artículo, donde advierte sobre los riesgos de las alabanzas, sobre todo si no están bien dirigidas. Datos empíricos demuestran que alabar la inteligencia de los alumnos puede tener efectos perniciosos, pues favorece una actitud de inmovilismo, acomodada en las capacidades del alumno. Este tipo de alabanza proporciona una recompensa inmediata, pero puede acarrear una larga lista de consecuencias negativas: resistencia a realizar actividades que puedan poner en entredicho su “inteligencia”, rechazo a las actividades que supongan un esfuerzo… y escasa resiilencia ante el fracaso.

La actitud adecuada parece, por tanto, alabar el esfuerzo de los estudiantes, pues esto contribuye a generar y reforzar la actitud de crecimiento, incrementando sobremanera su motivación y su resiliencia. Un refuerzo positivo sobre el proceso, que incentive rasgos como la perseverancia, la estrategia, la capacidad de mejora y el compromiso).

Algo tan sencillo como sustituir el “debes de ser muy inteligente para haber resuelto este problema” por “se nota que te has esforzado mucho” o “me gusta cómo te has esforzado en buscar estrategias hasta conseguir resolver el problema”. Evidente, una vez que te lo dicen, pero en lo que yo al menos no había reparado. No me había parado a pensar hasta qué punto puede ser dañino pretender hacer bien (una actitud valorativa, positiva), si no se hace adecuadamente.

REFERENCIAS:

Dweck, 2007. The perils and risks of praise. Educational Leadership 65 (2): 34- 39.

Advertisements
This entry was posted in educación and tagged , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s